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Mis Pastelitos, la marca de repostería creada por Gris Verduzco, abrió en Culiacán la que es su primera pastelería física en el mundo. La apertura, anunciada en rueda de prensa el 4 de junio de 2026, marca la transición de un negocio que operó durante más de diez años exclusivamente en el terreno digital hacia un establecimiento con presencia física, menú propio y un modelo diseñado para escalar mediante franquicias. La marca suma 18.3 millones de suscriptores en su canal de YouTube.

El modelo: de contenido a operación física
El dato más relevante para el análisis de negocio no es la inauguración en sí, sino la arquitectura que la sostiene. Verduzco fue explícita en que el proyecto no se construyó de forma improvisada: el modelo de franquicia fue desarrollado por la firma especializada Franquicias de Éxito la conversión de la marca digital a un formato operable tomó alrededor de 20 meses de trabajo. Esa distinción importa porque define dos negocios distintos operando bajo una misma marca. Verduzco atribuyó la conformación del equipo a un factor que enmarcó en su fe:
“Fue gracias al equipo que Dios puso en mi camino”,
señaló, al describir cómo fue sumando perfiles especializados en cada disciplina del negocio —incluido el desarrollador del modelo, Carlos Clouthier —. El reto, insistió, fue que ni ella ni su esposo tenían experiencia previa en operación física:
“Tenemos más de diez años haciendo videos, pero un negocio físico ya es otro rollo. No tenemos la experiencia para nada”.
La pastelería abrió con un menú de 18 postres, complementado con una línea de bebidas —frappés de sabores como red velvet y tiramisú, diseñados como productos exclusivos del punto de venta— y barra de café. A esto se suma la venta de mercancía de la marca, un segmento que la creadora ya operaba en línea y que ahora integra al espacio físico, consolidando dos fuentes de ingreso en un solo establecimiento. El local opera los siete días de la semana, de 10:00 a 20:00 horas.
La estrategia de producto: empezar acotado para validar demanda
Consultada sobre por qué el menú inició con porciones individuales y rebanadas en lugar de pasteles completos, Verduzco describió una lógica de validación de mercado que cualquier operador reconocería:
“Quisimos empezar poquito, viendo qué pastel les gusta más, qué sabor les gusta más, y de ahí partir”.
El planteamiento —lanzar con un catálogo reducido, medir preferencia real de consumo y escalar la oferta con base en datos de venta— es una estrategia de gestión de riesgo en retail alimentario, donde el desperdicio y la rotación de inventario perecedero son variables críticas de rentabilidad. La decisión de vender por rebanada funciona, en la práctica, como un instrumento de medición de demanda antes de comprometer capital en producción de mayor escala.
Por qué Culiacán, y por qué ahora
La elección de Culiacán como sede de la primera unidad tiene una doble lectura. La primera es personal: es la ciudad de origen de la creadora. La segunda, más relevante para el ecosistema económico local, es de contexto. Verduzco no evadió el momento complejo que atraviesa la ciudad y reconoció que la decisión de abrir en este periodo implicó “ir contra la marea”. Sobre el reto de operar en la coyuntura actual, apuntó que el factor determinante fue la respuesta anticipada del público y la disponibilidad de talento local para integrar el equipo operativo.
Ese punto conecta con una tendencia que Teller ha venido documentando: la apuesta de marcas y proyectos por Culiacán en un contexto de incertidumbre funciona como señal de confianza económica. Cuando una marca con alcance nacional elige la ciudad como punto de lanzamiento de su primer formato físico —y no plazas más consolidadas como Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara—, envía un mensaje sobre el potencial de consumo y la capacidad operativa de la plaza. La creadora confirmó que la expansión a esas ciudades, e incluso a nivel internacional, forma parte del plan original del modelo de franquicia, condicionada a que la unidad de Culiacán valide su viabilidad comercial.
La lección de negocio
El caso de Mis Pastelitos ilustra un fenómeno cada vez más frecuente: la monetización de comunidades digitales a través de activos físicos. Una base de seguidores no garantiza, por sí sola, el éxito de un negocio con costos fijos, inventario perecedero y operación presencial —como la propia creadora reconoció al distinguir entre “tener visitas en YouTube” y lograr que la gente “verdaderamente venga a consumir”. La conversión exige una capa de profesionalización operativa que el contenido digital no requiere. El que esa conversión se haya estructurado como franquicia desde el inicio, y no como una tienda única, es la decisión estratégica que distingue este proyecto de una simple apertura: define a Mis Pastelitos no como una pastelería, sino como un modelo replicable que usa Culiacán como prueba piloto.
Cuestionada sobre qué invitación haría a otros empresarios y emprendedores para apostar por la ciudad, Verduzco apeló al esfuerzo y al riesgo como variables de cualquier proyecto: “El que no arriesga no gana nada”. Sostuvo que el consumidor local responde cuando un producto se hace con calidad y dedicación, y animó a quienes ya tienen una idea a ejecutarla: “Que se animen, si ya traen su idea”. El mensaje, viniendo de una marca que decidió debutar físicamente en Culiacán y no en una plaza mayor, es en sí mismo una señal para el ecosistema emprendedor local.
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